domingo, abril 09, 2017

Mercadeo ¿o "marketing"?

Escarbo viejas discusiones en el baúl del olvido y me encuentro con unas que siguen como si nada.

La que sigue es un buen ejemplo. Un joven ejecutivo recorría las redes sociales en busca de voces que le ayudaran a vender a Cali. El proyecto me recordaba el dicho local de "mucho tilín y nada de paletas". Esta fue mi respuesta:



    Saludos.

    En realidad nunca me ha gustado el márketing.  Es una voz inglesa.  ¿Por qué no dicen mercadeo?  Tal vez porque se sienten más felices en Miami. Hasta este nombre está viciado: se pronuncia mee-ah-mee en inglés, es un vocablo indígena copiado por españoles.  El mercadeo lo volvió una mercancía gringa, eso de parecer hispano no era muy tolerable.

    Detrás del inmenso volumen de obras relacionadas, hay una constante: el hombre debe venderse a sí mismo.  Con eso no comulgo.  El hombre / mujer no puede ser mercancía por su misma razón de ser.

    Tampoco soy un radical: considero que el mercadeo se necesita para el turismo, también para las inversiones que les interesan tanto.

    Necesitamos pensar la ciudad una y muchas otras veces, pero en especial desde la visión de los excluidos de siempre.  Desde hace mucho (demasiado) tiempo la ciudad ha sido gobernada por gente que en realidad la desprecia.  Desprecia su gente, sus modos, sus vicios, sus virtudes.  No es de extrañar que estemos como estemos, que nos gobierne un promotor de la guerra "preventiva" y la gente esté muy contenta con él.  En su página no veo una sola mención a la marcha del 6 de marzo.  ¿También respaldan las armas de distracción masiva?  Para mermarle poder a una marcha de víctimas (las lágrimas son muy visibles, enternecen corazones duros), casi declaran una guerra.  Se nota que las víctimas no son prioridad.

    Cali ya es una gran ciudad.  Las multinacionales están hasta dispuestas a sobornar por lograr este mercado.  Toda esta gente come, se viste, se lava los dientes, viaja, aprende...  Vive.

    ES MUY DIFÍCIL VENDER UNA CIUDAD, POR PRÓSPERA QUE SEA, SI ESTÁ EN UN PAÍS EN GUERRA.  Nadie quiere vivir con un cañón en la sien, así a sus vecinos eso les parezca el colmo de la dicha.  Algo raro tiene que pasarle a un país que no tiene razones objetivas para estar feliz para que su gente se declare terriblemente satisfecha.  Tenemos la segunda más grande tragedia en desplazamiento forzoso después de Sudán, las estadísticas de IDH del Pacífico son muy similares a las de Haití a pesar de su riqueza natural, el conflicto armado ha abierto espacios diminutos gracias al dinero de los republicanos y a la inmensa compra de helicópteros que les hemos hecho a los gringos.  No eran para ambulancias.  Pero esos espacios son un avance, para un mendigo mil pesos son una fortuna.

    La ciudad tiene miles de lugares pequeños, casi desconocidos, como la cuadra más arborizada de Cali, que ni siquiera aparecen en los indicadores de gestión.  Los mantiene la gente porque le gusta vivir bien, hay que ser bobo para querer ser pobre.  Nuestro pueblo no necesita capacitación para iniciar negocios, lo hace desde siempre.  Aquí no sucede como en el oriente europeo, la gente sabe que si se queda esperando al estado se morirá de hambre.  Eso es una ventaja comparativa al parecer invisible para la gran academia.  Para nosotros lo importante no son las pymes, son las mipymes, las famiempresas y, una invención nuestra: el lumpen empresario: un personaje que se sube al bus a hacer una mezcla de mercadeo y ruego mendicante.  La alta sociedad los desprecia, pero su iniciativa empresarial se puede contar en dinero contante y sonante.  Suficiente para vivir una noche.  Eso es mucho para el que no tiene nada.

    Ande, revise sus posiciones: muéstreme las víctimas de la guerra contra las drogas (a lado y lado del Caribe), muéstreme estadísticas de movilidad social en la ciudad, iniciativas populares espontáneas de gestión ambiental, sanitaria, déjeme ver soluciones claras y reales para los mineros que destrozan los cerros todos los días.  Si no puede, le recomiendo, por ahora, unas buenas clases de español.

El ejecutivo no volvió a contactarme. El proyecto desapareció en el maremagnum de la gran ciudad. Las realidades que describí siguen vigentes, excepto la de "el país en guerra". Ahora podemos decir que sacamos, al menos, una tercera parte del país del conflicto.

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