viernes, octubre 31, 2008

Los puntos sobre las íes

O sobre cómo los medios buscan satanizar el secuestro y ablandar las masacres.

Miércoles 22 octubre 2008
 
No es ningún misterio. Si el asesino del niño secuestrado hubiera sido un paramilitar el despliegue de los medios hubiera sido mucho menor. Desde 1990, cuando Pizarro Leóngomez estaba vivo, los grandes medios de comunicación en Colombia se pusieron de acuerdo en "no servir de caja de resonancia para acciones terroristas". El único que se negó fue El Colombiano, con el argumento de que se dejaría de favorecer el intercambio de ideas necesario para la paz. Los demás siguieron la línea y, en los últimos años, la han estrechado, en el más puro estilo gringo.

Las revistas "informativas" de mayor publicación siguieron el juego de ignorar ramplonamente a los paramilitares, ceñirse a la información de las fuerzas armadas y mostrar a la guerrilla y el narcotráfico como el (único) enemigo militar. Sólo empezaron a "aparecer" con las negociaciones de paz en México y Venezuela en los gobiernos Gaviria y Samper, pero el tono sigue igual: el secuestro es el más terrible de los delitos, las masacres son sólo objetivamente malas.

Igual que el gobierno, los dueños de los medios quieren hacernos creer que retener a una persona, así sea por unas pocas horas, es mucho peor que asesinarla. Tan curiosa postura jurídica proviene, precisamente, de que las víctimas de los secuestros están más cerca del gobierno y de los dueños de los medios, que las de las masacres. No es sino revisar: ¿hay algún cacao entre las miles de víctimas de las masacres? Por supuesto que no. De los secuestros sí, de hecho se pensaron desde un principio para eso pero, durante las negociaciones de paz del gobierno Pastrana, la guerrilla lo amplió a todo el que tuviera un pequeño capital.

Pero el secuestro, en cualquier orden legal, está por debajo del asesinato. Si una persona retiene, es obvio que su interés es económico. La gravedad del secuestro no está en la retención en sí sino en la amenaza de muerte si no se paga el dinero. La víctima del secuestro paga justamente para evitar que lo maten. Se reduce a la persona a mercancía y se utiliza el amedrentamiento para alcanzar un fin económico. Un asesinato doloso, es decir, con la clara intención de hacer daño, es gravísimo en cualquier parte del mundo. Si la intención no es retener para obtener dinero sino acabar con la vida de la otra persona, es obvio que ni siquiera se deja el resquicio de recuperar a la persona después de pagar. Peor aun si se gana dinero con el asesinato. Ya no es la vida humana la que vale sino su muerte.

Así, mientras el status quo hacía todo lo posible por mostrar el secuestro como el peor drama nacional (que lo es), uno peor se fraguó, se "institucionalizó" y prosperó al lado de las escuelas de sicarios: los escuadrones de la muerte. En México y EE.UU. se les conoce como "vigilantes". Acá se les llamó "paramilitares" porque era un secreto a voces que el ejército los organizaba, colaboraba con ellos y, en el mejor de los casos, se hacía el de la vista gorda. Por eso los documentos oficiales nunca han gustado del término, se refieren a ellos como "los mal llamados grupos paramilitares".

Una masacre es un delito complejo. No se trata de un asesinato. Es algo peor: son varios al mismo tiempo, con clara intención de hacer daño, no sólo a los que se mata sino a toda una serie de comunidades que se amedrenta. Es decir, se hace todo el daño al que se llega con el secuestro y se le agrava con un radio de acción más amplio y unas consecuencias más severas. Si la retención de uno es grave, asesinarlo es peor. Por ejemplo: un secuestrador sigue todo el procedimiento típico del delito. Resulta que los familiares de la víctima no le pagan. El victimario sigue amedrentando pero no cumple con la amenaza de matarlo, no llega a tanto, su respeto a la vida se lo impide. Cualquier jurado o juez en el mundo consideraría esa actitud de respeto como un atenuante: secuestra pero no asesina. En una masacre no sólo se asesina a Pedro, sino también a Pablo, Juan, Camilo, Marta, Miguel...

En la escalada del conflicto la guerrilla siguió con los secuestros masivos. El de la idea no fue precisamente un guerrillero, fue de Pablo Escobar, que secuestró a varios familiares de personalidades a la vez para impedir la extradición. Pero la retaliación no se hizo esperar. Las masacres se concentraban en Urabá, con el exterminio masivo en Mapiripán comenzó la expasión del modus operandi en toda la nación. "Quitarle el agua al pez" era el argumento. Las partes del conflicto están, desde hace años, en un concurso macabro de quién es capaz de hacer lo peor. Eso es precisamente lo que la humanidad llama "guerra". De una escalada similar nacieron las bombas atómicas.

Es importante reconocer que lo mejor para el país y para la humanidad es tomar la dirección contraria. ¿Por qué los paramilitares, en vez de masacrar, no empezaron con los secuestros masivos? En vez de llegar a un pueblo y matar 10, 20, 30 personas ¿por qué no las retuvieron? Porque la idea era superar a su enemigo en el terror. No era quitárselo de encima ni responder con el ojo por ojo, diente por diente. No. Era llegar más lejos que él. Ser más_atroz que él. El único que ha establecido la relación entre sadismo y narcotráfico parece ser Gustavo Alvarez Gardeazábal, en "Comandante Paraíso". Muestra como "ver sufrir" al enemigo es un aliciente, como la mafia (igual que todas las mafias del mundo) utiliza la tortura como sanción ejemplar. No basta matarlo, hay que desmembrarlo, cortarlo de forma minuciosa para hacer evidente su sufrimiento a los demás. Se trata de trasmitir el mensaje de "si te metes en la guerrilla sufrirás lo indecible". Una respuesta al "si eres rico tienes que pagar, hasta con tu vida" de la guerrilla.

El paso hacia adelante implica reconocer también que los medios de comunicación hacen todo lo posible por ignorar a las víctimas del secuestro llevado a cabo por paramilitares. País Libre, en sus estadísticas, muestra que estos grupos son responsables de, al menos, el 17% de los secuestros, muy por encima de la delincuencia común. Los medios, en cambio, no entrevistan a las víctimas, no les hacen homenajes, no los convierten en símbolos nacionales por obvias razones. Si la ultraderecha también secuestra ¿cómo se sataniza el secuestro? NO ES EL SECUESTRO EN SÍ LO QUE VEN COMO MAL. Es el secuestro de la guerrilla. Se trata de ubicar, identificar y condenar sólo a un grupo. Y ¿dónde están los secuestrados de los paras? ¿Qué han dicho al respecto los líderes de las AUC en las audiencias de Justicia y Paz? Para los grandes medios ese tema no existe. Consideran a País Libre una organización respetable porque la organizó el hoy vicepresidente, Francisco Santos, pero se hacen los locos con sus cifras.

Desde el otro extremo, es evidente que la guerrilla se hace la de la vista gorda con el secuestro simple. Lleva años diciendo que no secuestran, igual que el gobierno, afirma que si alguien lo hace, son "elementos aislados". El gobierno dice que "vivimos una paz paramilitar", la guerrilla sostiene que no hay ningún deterioro ideológico, que el narcotráfico no los ha permeado. Y también hacen falta investigaciones minuciosas sobre las masacres de la guerrilla, que por ser menos no dejan de ser graves. ¿Serían capaces de ubicar las fosas comunes y mostrárselas a sus víctimas? No lo creo, en lo más mínimo.

Para todos nosotros vuelve a ser importante reconocer respuestas obvias: hubiera sido mucho mejor pagar más impuestos y que las fuerzas armadas hubieran llegado legalmente, sin violar los Derechos Humanos, a los territorios controlados por la guerrilla, que pagar cuantiosas bandas de asesinos para hacerlo. También que era mejor pagar más impuestos, ser más puntuales en las leyes laborales (¡cumplirlas al fin!), proteger hasta con nuestras palabras a los sindicalistas y miembros de la oposición amenazados, a dejar que los partidarios de las posturas armadas tomaran fuerza. Todo eso es evidente, pero ¡¡cuántas vidas, cuántos sufrimientos, cuántas locuras nos cuesta apenas empezar a reconocerlo!!









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